El Regreso de Chucky: El debate entre la tecnología y nuestro entorno

 

Andy Blarclay es un adolescente introvertido y solitario que debe adaptarse a su nuevo hogar, algo que resulta difícil tomando en cuenta su poca capacidad para hacer amigos y socializar. Un día, su madre Karen (Aubrey Plaza) decide comprarle a Buddi, un muñeco robótico programado para ser el mejor amigo del niño, aunque lo que nadie espera es que el pequeño robot tenga como objetivo asesinar a todo aquel que se interponga entre él y Andy.

 

“Hola, soy Chucky. ¿Quieres jugar?”, fue una frase que nació en 1988 con el estreno de una de las películas más afamadas del cine de terror estadounidense. En esta ocasión, la misma frase resuena con un acento digital. El filme dirigido por Lars Kleverg, un reboot del filme de 1988, de Don Mancini, narra la trama en la que el famoso muñeco cuenta con inteligencia artificial, por lo que puede controlarse desde cualquier gadget y con todos los aparatos del hogar. Se trata de una historia vestida tecnológicamente que busca reinventar al personaje que se convirtió en una figura de la cultura popular.

 

 

El nuevo filme de Chucky nos abre el espacio para hablar de la importancia de la tecnología en la socialización y desarrollo de nuestros hijos. Nos presenta a un Andy que está solo y necesita de alguien que lo acompañe, por lo que Chucky era el candidato perfecto. Éste responde a todas sus preguntas, juega con él, platica, siente empatía y cariño, muestra emociones, etc. Todo era perfecto, hasta que un defecto lo hace mantener una conexión irrompible con Andy por la que lastimaría a cualquiera que se interponga en su amistad.

 

A medida en que Andy crea lazos con sus amigos o sus familiares, Chucky va adquiriendo la necesidad de romper esas relaciones de la forma más sádica que el muñeco conoce. Ni su madre, ni el pequeño Andy con problemas de audición, creerán en su naturaleza siniestra. Durante la convivencia con su “mejor amigo”, Andy descubrirá que aunque Chuky lo ha defendido de varias situaciones y le ha ayudado a relacionarse con otros adolescentes pese a sus problemas para socializar, el muñeco no es tan bueno como creía, pues, a medida en que pasan los días van ocurriendo diversos asesinatos que no podrá ocultar.

 

Esto nos habla, quizá, de una crítica a los tiempos modernos que vivimos: ¿qué hace la tecnología sino celar nuestras relaciones humanas? ¿No la tecnología nos incursiona en esa misma paradoja, nos acerca y nos hace creer que mediante ella tenemos la capacidad de entablar relaciones con los otros, pero al momento en que lo hace, deja claro su artificio? El nuevo Chucky pone de manifiesto esta relación de las nuevas generaciones con la tecnología, las problematiza y nos da su diagnóstico.

 

Mucho se ha hablado sobre la influencia que la tecnología ejerce sobre las relaciones humanas. Las nuevas generaciones están creciendo con el uso de internet y los videojuegos, llegando a conocer , casi instintivamente, la tecnología a edades muy tempranas. Este hecho puede tener tanto consecuencias positivas como negativas, aunque la mayoría de la gente se decanta por la segunda de manera rotunda, esta es la misma conclusión de Chucky.

 

En cuanto a las relaciones personales,  podemos decir que las redes sociales, aparatos electrónicos y todo el lado tecnológico que encarna Chucky, ayudan a Andy a relacionarse y/o interactuar con las personas que quizá son muy tímidas o que nunca se atreverían a hablar con alguien cara a cara, además que, mediante ellas, podemos creamos perfiles de nosotros mismos, definiéndonos como personas que no somos y conociéndonos a nosotros mismos un poco más a fondo.

 

Otra cosa que sufre Andy, por lo que al inicio defiende y quiere tanto a Chucky es que constantemente la tecnología que representa y en nuestro mundo las redes sociales, nos brindan la facilidad de relacionamos a distancia con personas que conocemos. Así, él nunca se siente solo y está en contacto con una parte humana detrás de una pantalla o mediados por ella.

 

A medida que la película avanza, Chucky va mostrando su lado más siniestro, del mismo modo en que la tecnología va mostrando sus consecuencias. Como todo tiene su parte negativa, Chucky va mostrando, al igual que un perfil en una red social, su falsedad. Por un lado, Chucky no cumple lo que promete en su caja, se sale de control, oculta información, y por otro lado, el filme nos muestra como Chucky crea adicción y disminuye el tiempo que le dedicamos a las relaciones del tú a tú, hasta el punto de destruirlas, de tal manera que  usamos más una pantalla de por medio para comunicarnos, que una conversación cara a cara.

 

Este filme de Chucky es más que la historia de un muñeco diabólico, pues es, en sí misma, una crítica sobre la destrucción de la que la tecnología y el apego que hoy tenemos hacía ella puede generar para nosotros y nuestro entorno. Y no es un diagnóstico metafórico.

¡Te invitamos a verla y a darnos tu opinión!